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28 julio 2011

Teatro Abierto en el Picadero


El Teatro Abierto


Empezando en los años 1980 y 1981, la comunidad artística alistó en un movimiento de mucho valor. Aunque nadie sabe las reacciones ni las ramificaciones que surgirían de la dictadura y su partidario, un grupo se formó que hablaría contra el estado y las cosas que estaban pasando. El Teatro Abierto, consistiendo en más de cien escritores, agentes, directores, diseñadores, músicos y técnicos (la mayoría estaban puestos en la lista negra), era fundado para causar cambios políticos y socios. Osvaldo Dragún era uno de los creadores, y él recordó las reuniones como abrumadas por miedo, secretos, y un sentimiento de incapacidad. Los criadores nucleares consistieron en marxistas, peronistas, judíos, cristianos, y ateos y, juntos, conjurando el valor para combatir y desafiar la dictadura opresa. El Teatro Abierto era una serie de 21 obras cortas que se dirigió las cosas que pasaron en Argentina por la mano del gobierno. Cada obra duró sólo una vez, para prevenir la censura, y era apoyado fuertemente por los que se oponían al gobierno. Los teatros ofrecieron sus etapas y las primeras obras se estrenaron en el Teatro Picadero; los actores, escritores, y directores trabajaron gratis; la admisión era abierta a todos y el público no le pagó nada. El festival empezó en el 28 de julio en el Teatro Picadero en Buenos Aires. Aunque las obras empezaron a las seis y media y el público tenía mucho miedo, los boletos para cada obra se agotaron. La reacción de la junta venía rápidamente. El 5 de augusto, el teatro fue quemado misteriosamente, pero esto no era un impedimento para el movimiento. En cambio, esto le confrontó y estimuló, y las obras pusieron en escena en el Teatro Tabarís. Por la primera vez, el tema de los desaparecidos y la implicación de la junta se trataron. Las obras ilustraron en la etapa la violencia política real que pasó cada día, cada momento en el país. Atacaron el régimen totalitario y exigieron cambio social. Eran diseñadas para recibir reacciones del público.

Eran eficaces porque las funciones eran la ignición que encendió asambleas públicas. En dos meses, había 25.000 espectadores. Porque El Teatro Abierto tenía mucho éxito, creó motivación para la gente a demostrar y reunir.

Una de las obras era El desconcierto por Diana Raznovich. Confrontó el problema que la gente tenía de censurar a si mismo. Trataba de una artista – una pianista – quién es pagada para tocar una pieza por Beethoven. Sin embargo, el piano no hace ningún sonido, y durante la obra ella lucha para hacer la música oída. Cuando el piano comienza a emitir sonidos, las notas están en discordia. La mujer desea que el piano vuelva al silencio y al fin, el piano está callado y ella regocija. La obra de Raznovich explora la inclinación de muchas artistas argentinas de estar silenciosas y censuradas. No protestaron con voz su oposición a la junta, entonces, su oposición no fue eficaz. Con el silencio, ellos perdieron cualquier mensaje que poseían. Sin embargo, con la voz viene la discordia y entonces, la protesta silenciosa es más fácil. Aunque la obra demostró que con el silencio viene la facilidad y la armonía, la discordia es el único sonido que se puede oír, y puede causar el cambio.
Los efectos del Teatro Abierto eran enormes. No solamente las obras alzaron la potencia de los teatros en Argentina, empezaron y ayudaron a cambiar el status quo en Argentina. Aunque El Teatro Abierto se convirtió en un evento anual entre los años 1982 – 1986, por el año 1983, la necesidad para las obras comenzó a descender. La meta de las obras era realizada mientras la influencia y la presencia de la dictadura se cayó. Uno de las consecuencias del Teatro Abierto era el declive de la dictadura y la vuelta de regla civil, mostrando el poder del teatro. Una idea que empezó como una hazaña enorme era casi imposible. Carlos Gorostiza, el director de la obra El acompañamiento, recordó que “todo sea imposible. Éramos un grupo de locos que quisiéramos cantar las cosas que no podían ser cantados… una posibilidad loca.” Ellos pusieron en escena los problemas de Argentina, poniendo en peligro sus vidas y revolucionando para ser un catalizador para cambiar una nación.

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22 julio 2011

Bienvenida Tecnópolis

Por Adrián Paenza

En la Argentina de hoy se están produciendo acontecimientos tan significativos en el ámbito científico, tan distintos de todos los que hemos vivido en las últimas décadas, que merecen una mirada diferente por parte nuestra también. Cualquiera que hubiera vivido en nuestro país durante los últimos 40 años (más o menos) entiende de lo que hablo. La ciencia fue siempre considerada algo exótico, de elite. No me refiero solamente a los presupuestos siempre miserables, sino que lo que cambió es la actitud, la disposición, el interés y por ende la valoración. Hoy hay vasos comunicantes. Hoy hay gente que escucha, pregunta, se interesa, opera y resuelve. Hace un mes fue el tema del satélite que mereció la tapa de este diario (y debió haber sido nota de “tapa” de cualquier medio de comunicación de nuestro país). Hoy es Tecnópolis, que también fue la nota de tapa de Página/12. Pero hay una disposición diferente. Al Poder Ejecutivo le interesa. Hay gente dentro de la clase política que pregunta. No sólo eso: pregunta y luego las respuestas son vinculantes. Es curioso y me dan ganas de escribir inédito, pero no lo hago porque no sería cierto, pero igualmente no estamos acostumbrados a que pase esto: hay gente que está pensando el país, el futuro del país, pero corrido de la coyuntura, pensando en cinco, diez, veinte años hacia adelante. ¿Qué queremos ser? ¿Qué podemos ser? ¿Vamos solamente a seguir exportando carne o soja? ¿Quiénes hacen nanotecnología? ¿En dónde? ¿Por qué nos importa el desarrollo de esa área particular de la física? ¿Quiénes producen software? ¿Quiénes hacen biotecnología? ¿En dónde se hace? ¿Quiénes lo hacen? ¿Qué problemas abordan? ¿Qué pasa con áreas como la computación o la investigación en biología?

Cuando la gente de la NASA invita a la gente de Invap y a los distintos organismos públicos, estatales... (sí, ¡estatales!) para que hagamos “a medias” un satélite, y pongamos adentro cinco de los ocho instrumentos que lleva incorporados, cuando lo hacemos con ellos como pares, es porque estamos en condiciones de hacerlo. No nos están haciendo un favor. Les interesa que estemos. Los españoles, por ejemplo, también tienen buenos jugadores de fútbol. Es más: sin jugadores extranjeros (porque no se puede) salieron campeones del mundo. Sin embargo, quieren tener a Messi. Lo quieren, lo miman, lo valoran. En el mundo de la ciencia, que obviamente no entiende de fronteras, cuando hacen falta gente de ciertas calidades, se “pelea” por ellos. La Argentina produce ciencia de calidad internacional. Y se nota.

Por eso Tecnópolis es algo más que una muestra extraordinaria que va a acompañar por cinco semanas. Es un mensaje que no sólo se lo mandan a la comunidad científica, sino a la sociedad toda. Como si alguien estuviera diciendo: “No sólo nos importan. Vengan y ayúdennos, porque sin ustedes ¡no se puede!”. La Argentina no puede crecer sin sus científicos. Podrá hacer algunos negocios, no necesariamente malos tampoco. Pero como país-país, no podrá avanzar sin producir su propia ciencia, básica y aplicada. Por eso, no sólo disfruto del acontecimiento Tecnópolis, sino que disfruto del momento que vivimos. Casi sin darnos cuenta, se están sentando las bases para el futuro. Nadie más podrá gobernar en adelante ignorando este presente. Y no lo va a poder hacer porque la comunidad científica primero y la sociedad en general han advertido la importancia. Por lo tanto, cualquier intento de retroceso y vuelta a la oscuridad será resistido de manera distinta.

Mientras tanto, recordemos este camino. Ahora, peleemos por mejor presupuesto, por mayor inversión, por más y mejores sueldos, por mejor equipamiento, por mejores edificios, por más becas. Más aún: peleemos para que haya inclusión de todos los estamentos de la sociedad, para que la universidad pública no sea sólo para las clases más solventes económicamente, sino que sea para todos. Pero al mismo tiempo también reconozcamos la enorme e impactante diferencia con lo que la Argentina vivía hasta hace nada más que siete años. Sólo hacía falta que hubiera gente a la que le importe. Y eso, hoy, se nota.

Bienvenida Tecnópolis. Ojalá que ahora haya una aluvión de personas que la recorran y que la disfruten. Es de la gente, es de todos. Es suya. Es de ustedes: recórranla, denla vuelta tanto como puedan. Pregunten, discutan, desafíen. Peléense con los científicos que están allí. Pregunten hasta entender, o hasta demostrarles que los que no entienden son ellos.

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Foto: tecnopolis.ar
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21 julio 2011

AMIA II

AMIA 18 de Julio de 1994
otro año de impunidad


Las 85 Víctimas

Nomina de Fallecidos

Silvana Alguea de Rodríguez
Jorge Antúnez
Moisés Gabriel Arazi
Carlos Avendaño Bobadilla
Yanina Averbuch
Naum Band
Sebastián Barreiro
David Barriga
Hugo Norberto Basiglio
Rebeca Violeta Behar de Jurín
Dora Belgorosky
Favio Enrique Bermúdez
Romina Ambar Luján Boland
Emiliano Gastón Brikman
Gabriel Buttini
Viviana Adela Casabé
Paola Sara Czyzewski
Jacobo Chemauel
Cristian Adrián Degtiar
Diego De Pirro
Ramón Nolberto Díaz
Norberto Ariel Dubin
Faiwel Dyjament
Mónica Feldman de Goldfeder
Alberto Fernández
Martín Figueroa
Ingrid Finkelchtein
Leonor Gutman de Finkelchtein
Fabián Marcelo Furman
Guillermo Benigno Galarraga
Erwin García Tenorio
José Enrique Ginsberg (Kuky)
Cynthia Verónica Goldenberg
Andrea Judith Guterman
Silvia Leonor Hersalis
Carlos Hilú
Patricio Irala
Emilia Jakubiec de Lewczuk
Maria Luisa Jaworski
Analía Verónica Josch
Carla Andrea Josch
Elena Sofía Kastika Esther Klin
León Gregorio Knorpel
Berta Kozuk de Losz
Luis Fernando Kupchik
Agustín Diego Lew
Jesús María Lourdes
Andrés Gustavo Malamud
Gregorio Melman (Héshele)
Ileana Mercovich
Naón Bernardo Mirochnik (Buby)
Mónica Nudel
Elías Alberto Palti
Germán Parsons
Rosa Perelmuter
Fernando Roberto Pérez
Abraham Jaime Plaksin
Silvia Inés Portnoy
Olegario Ramírez
Noemí Graciela Reisfeld
Félix Roberto Roisman
Marisa Raquel Said
Ricardo Hugo Said
Rimar Salazar Mendoza
Fabián Schalit
Pablo Schalit
Mauricio Schiber
Néstor Américo Serena
Mirta Strier
Liliana Edith Szwimer
Naum Javier Tenenbaum
Juan Carlos Terranova
Emilia Graciela Berelejis de Toer
Mariela Toer
Marta Treibman
Angel Claudio Ubfal
Eugenio Vela Ramos
Juan Vela Ramos
Gustavo Daniel Velázquez
Isabel Victoria Nuñez de Velázquez
Danilo Villaverde
Julia Susana Wolinski de Kreiman
Rita Worona
Adhemar Zárate Loayza

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16 julio 2011

La memoria de la impunidad.

El 18 de julio de 1994 se produjo el mayor atentado terrorista de la historia de la Argentina: una bomba destruyó el edificio de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) en el que murieron 86 personas. Este informe inicia una serie de notas y entrevistas con la finalidad de ofrecer un seguimiento de la evolución del caso. Un documento testimonial aportado por Memoria Activa.

Por Karina Donángelo y Pablo Rodríguez

Todo hacía suponer, especialmente a las 9:50 de esa fría mañana de invierno en Buenos Aires, que se trataba de un lunes más en la vida de los argentinos. Los principales diarios privilegiaban, como la gran noticia del día, el triunfo de Brasil en la final del Campeonato Mundial de fútbol, organizado en los Estados Unidos. También se informaba una veda de autos en el centro de Buenos Aires. Otras noticias que se repetían en la tapa de los matutinos eran: la derrota de equipo argentino de tenis en la Copa Davis, y la muerte de Sebastián Piana, uno de los grandes creadores de tango. Clarín, el diario de mayor circulación en el país, dedicaba un informe especial a la reforma que se estaba efectuando de la Constitución Nacional, y La Nación anunciaba la realización de un censo económico y del choque armado entre palestinos e israelíes. Tres minutos habían pasado, tan solo tres, cuando el arquitecto Andrés Malamud, a cargo de las refacciones de la AMIA, Asociación Mutual Israelista Argentina, recorría e inspeccionaba las obras y el albañil David Barriga iba al fondo del segundo piso para terminar unos detalles. Sebastián Barreiro, de 5 años se dirigía al Hospital de Clínicas de la mano de su mamá, por la calle Pasteur, mientras que Romina Ambar Luján Bolan iba camino a la facultad y Jorge Lucio Antúnez le llevaba un café a un cliente. Sin embargo, ninguno llegó a destino. Ellos forman parte de las 86 víctimas del más sangriento atentado terrorista en la historia argentina. Exactamente a las 9:53 del lunes 18 de julio de 1994 una bomba arrasó con el edificio de la AMIA; truncó sus sueños y esperanzas, y segó la vida de estas personas dejando, además, centenares de heridos.

El 17 de marzo de 1992, otra explosión había derribado la Embajada de Israel asesinando a 26 personas. Dos años mas tarde lo que parecía el fin del mundo se repitió en la sede de la AMIA / DAIA. El caos era total. Gritos, llantos, desesperación e incertidumbre hicieron que dos situaciones fatales se aunaran en el tiempo y dieran lugar a la ineficacia de los organismos de seguridad. Los médicos y camilleros buscaban sobrevivientes, también Defensa Civil, que además discutía con la Policía Federal - que asimismo participaba de estas acciones - sobre la organización y disposición de los vallados. En el medio, los bomberos pedían silencio para detectar a otras personas que pudieran haber quedado atrapadas bajo los escombros, mientras se escuchaban las sirenas de las ambulancias a cuatro cuadras a la redonda. La tragedia se potenciaba con la llegada de voluntarios y curiosos que acudían al lugar. Las cámaras de televisión, que retrataban el espanto, eran otro impedimento para las tareas de rescate. El horror de aquellos momentos parece haber quedado en el olvido por parte de funcionarios de los tres poderes del Estado argentino, y las palabras del presidente Carlos Menem "esta vez sí; esta vez sí atraparemos a los culpables" - pronunciadas en el programa de televisión Hadad & Longobardi, el 23 de julio de 1994 - parecen habérselas llevado el viento.

¿Será justicia?

A más de cuatro años del último atentado la justicia permanece sorda a tan fuertes explosiones, insensible a tanta desgracia y muda para revelar quienes fueron los culpables.

El expediente del caso AMIA es la causa número 1.156, caratulada "Pasteur 633 Atentado (Homicidio, Lesiones, Daños)", que suma 146 cuerpos de 200 fojas cada uno, lo que da un total de casi 30.000 fojas en julio de 1998.

Otras de las numerosas causas conexas son: la causa "Brigada", que vincula a la Policía Bonaerense y tiene más de 40 cuerpos. La causa "Armas", también con 40 cuerpos, establece la denominada "conexión carapintada". Hay más de 270 anexos y más de 10 cuerpos de expedientes con pericias. En los primeros tres años declararon 1.500 testigos, se realizaron más de 200 allanamientos, hubo casi 400 teléfonos intervenidos y más de 300.000 horas de escuchas telefónicas.

Interviene el juez federal Juan José Galeano y los fiscales Eamon Mullen y José Barbacia. Están presos, desde julio de 1996, el ex comisario Juan José Ribelli, los ex subcomisarios Irineo "Pino" Leal y Raúl Ibarra y los dos ex oficiales Diego Barreda y Mario Bareiro, considerados integrantes de la conexión local de los terroristas. También está encarcelado Carlos Telleldín, vendedor de autos robados y regente de una cadena de prostíbulos, acusado de proveer la Traffic que funcionó como coche bomba al grupo de policías anteriormente mencionados. La causa AMIA es un laberinto inextricable lleno de eslabones perdidos, versiones refutables, y cuestiones que llaman mucho la atención. Como parte de esta concatenación de "descuidos" por parte de la justicia, citamos algunos ejemplos:
La Corte Suprema ha sido muy cuestionada por parte de la comunidad judía. Los abogados de la DAIA y la AMIA habían pedido, a mediados de 1996, la recusación de uno de los miembros de la corte: Carlos Fayt. En abril de ese mismo año otro de los miembros del máximo tribunal, Adolfo Vázquez, se apartó de la causa luego de un pedido de recusación de la agrupación Memoria Activa -el grupo que nuclea a los familiares y amigos de las víctimas- que fuera rechazado por la Corte.

Por otra parte la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) presentó, el 8 de septiembre de 1997, un documento en el cual se inculpó a funcionarios y policías que trabaron la investigación por el atentado de la AMIA. Este informe fue elaborado por ex miembros de la Cámara Federal: Carlos Arslanián, Ricardo Gil Lavedra, y Andrés D'Alessio. Ellos juzgaron a los integrantes de las Juntas Militares que funcionaron en el país durante la dictadura de 1976 a 1983. También participó el ex juez Eugenio Zaffaroni. Allí se señalan 22 hechos irregulares. Algunas son dignas candidatas al premio "Bochorno de oro", como las que se citan a continuación:

1. La Dirección Nacional de Migraciones, a cargo de Hugo Franco no respondió a los pedidos de informes hechos por el juez Juan José Galeano. La falta de informatización del sistema puso sobre el tapete la absoluta ineficacia de este órgano de control.

2. La Secretaría de Seguridad, que estaba a cargo del Brigadier Andrés Antonietti, no cumplió, en su momento, con la orden presidencial de difundir la recompensa de 2 millones de U$S para quienes aportaran datos sobre el atentado.
3. Desaparecieron 66 grabaciones del teléfono de Carlos Telleldín - uno de los detenidos - en el departamento de Protección del Orden Constitucional (POC), una dependencia de la Policía Federal

4. Desaparición de la agenda telefónica de Telleldín como parte de la línea de encubrimientos y robo de pruebas.

5. Gestiones del diputado Emilio Morello (MODIN): las averiguaciones que hizo en la Cancillería para saber del testimonio del arrepentido iraní Moatmer Manucher y averiguar sobre el juez Galeano en Irán. El actualmente ex legislador perteneció al grupo militar conocido como "carapintadas", grupo al cual una de las pistas le adjudicaría la participación en el atentado ¿Por qué un legislador nacional, altamente sospechado, puede tener tanto interés en conocer las declaraciones del testigo?

6. Jorge Passero, ex jefe de la Policía Federal, fue denunciado por ocultamiento y desaparición de pruebas claves en los procedimientos hechos luego del atentado.

7. Al ex jefe de la policía bonaerense, Pedro Klodzcyk, se le pidió una declaración indagatoria porque los hombres que estaban a su mando no profundizaron la investigación acerca del destino que había tenido la camioneta Traffic (el supuesto coche bomba según las investigaciones judiciales)

8. El ex secretario de Seguridad bonaerense, Alberto Piotti, se lo llamó a declarar por haber sido nombrado en conversaciones telefónicas por varios de los policías implicados en el caso.

9. No se respetó la incomunicación de los presos dictada por el juez Galeano.

Anteriormente a la presentación de este documento, Alberto Piotti renunció a su cargo luego de que trascendieran las denuncias, algunas de las cuales lo involucrarían. Tampoco se pudo esclarecer que papel jugaron uno o dos helicópteros que sobrevolaron la sede de la AMIA en la noche del 17 al 18 de julio de 1994. Galeano ya había certificado la existencia de esos vuelos, pero aunque la Policía Federal informó la matrícula de los helicópteros, los pilotos nunca fueron llamados a declarar. Todavía no se aclaró que ocurrió con el volquete ubicado frente a la AMIA en el momento del atentado. Del mismo modo, los familiares de las víctimas piden que nuevamente comparezcan los dueños de la empresa de volquetes Santa Rita, de apellido Haddad, habituales compradores de importantes cantidades de explosivos.

Por otra parte los legisladores de la Comisión Bicameral de Seguimiento por los Atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA tienen vedado el acceso a la versión taquigráfica de sus propias audiencias con la Policía y la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado).

En cuanto al juez que entiende en la causa, Juan José Galeano, es pública y notoria su entrañable amistad con el titular de la SIDE, Hugo Anzorreguy y con el compadre de este, el fiscal Germán Moldes, afectado también a la causa. La historia de esta amistad nace cuando Galeano era secretario del juez Velazco, y se hizo cargo de la investigación de la extorsión al Sanatorio Güemes, que derivó en la detención del juez Remigio González Moreno, en donde Jorge Anzorreguy, hermano de Hugo, era uno de los abogados del sanatorio. La anécdota más jugosa con la que se recuerda a Galeano por los pasillos de Tribunales, es el "caso del pebete federal". Un 22 de mayo de 1994, exactamente a las 18:30 horas, en la antesala de la Secretaría Federal 17, el preso Gustavo Fabián Castelli osó deglutir un pebete de jamón y queso ajeno. Ante tamaña audacia el juez Galeano dio curso a una denuncia que culpa a Castelli por expropiar el sandwich, propiedad del oficial Ricardo Ignacio Durán. El apetito descontrolado del reo, según la óptica de Galeano, podía "constituir un ilícito de acción pública". Aunque la causa llegó al juzgado 10 del doctor Gustavo Literas, quien por obvias razones cerró el caso, igual quedó para la posteridad. Otra anécdota, narrada por Jorge Lanata en el primer número de la publicación revista "XXI", es sumamente elocuente del "apoyo policial" que recibe Galeano. El juez solicitó ayuda a la policía para encontrar a dos testigos, pero los días pasaban y no obtenía respuesta. Alberto Zuppi, el abogado de los familiares de las víctimas, los encontró en la guía telefónica: Rubén Chejfec (Guía de Telecom Argentina, Alfabética A-J, página 511 3ª columna, Capital Federal 97/98). El otro es Alberto Brescia (Guía de Telecom Argentina, Alfabética A-J, página 277 4ª columna, Capital Federal 97/98)

Donde los senderos se bifurcan

De las declaraciones de Galeano y sus dictámenes, de las manifestaciones de los miembros de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Atentados a la Embajada de Israel y AMIA, de funcionarios de distintos ministerios del Poder Ejecutivo (como el de Justicia y el del Interior), y de las investigaciones realizadas por algunos periodistas, se desprenden cuatro grandes hipótesis que buscan establecer la autoría material e intelectual de la destrucción de la AMIA. Tres de ellas constituyen pistas que maneja la justicia, mientras que la restante nunca ha sido tenida en cuenta por el juez Galeano. Las teorías vigentes para el juez señalan a Irán; a miembros de la Policía Bonaerense (fuerza de seguridad de la Provincia de Buenos Aires) y a la pista carapintada, conformada por un grupo de ex militares que participaron en levantamientos armados contra el orden constitucional. Las dos últimas conforman la denominada conexión local.

Sin embargo, la pista que incluye una posible participación del gobierno sirio se aborta en el ámbito oficial y es comentada por la prensa, por los legisladores y dirigentes opositores, y por Zulema Yoma, nada menos que ex esposa del presidente Carlos Saúl Menem.
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16 junio 2011

“Maten a Perón". 16 de Junio del 55...Un día que fue vergüenza Argentina....

La masacre del 16 de Junio del 55, es el Guernica Argentino
El 16 de junio, en el mediodía de otoño del año 1955, formaciones de las aviaciones de Marina y Aeronáutica, haciendo su bautismo de fuego, sobrevolaron el centro porteño y descargaron toneladas de explosivos sobre la población civil. El bombardeo dejó, aproximadamente, 350 muertos, cifras nunca confirmadas, como en Guernica, se ocultan los efectos de la masacre, y más de 2000 heridos, entre ellos casi un centenar de lisiados para el resto de su vida. Otras fuentes reflejadas en este trabajo hablan de 700 tumbas cavadas en el cementerio porteño de la Chacarita. En Guernica los fascistas/franquistas demuelen y masacran a un pueblo para que truene el escarmiento desde el aire, con total y absoluta cobardía; en Plaza de Mayo, masacran al pueblo alevosamente con el pretexto de matar a Perón, el déspota nazi/fascista, según los ideólogos de la Unión Democrática, del mismo modo: para que truene el escarmiento, hay que matar al tirano, comenzando por el pueblo que lo apoya. Fue el inicio de un proceso histórico, dentro del campo social y político, comenzaba el desmontaje de una formación ideológica de carácter nacional, esta es parte de su historia.
"A mediados de junio bombardearon la Plaza de Mayo. El primer estallido. La oligarquía descargaba sin piedad sobre el pueblo todo ese odio rancio acumulado, de linaje. Toda la sociedad simiesca aplaudía las muertes, no existía en ellos aflicción cristiana, sino el gozo oligárquico de la muerte de clase. Las muertes eran de los otros: los plebeyos que resistían por permanecer en estrado de dignidad peronista perpetua., la que los incluyó en la sociedad".


Párrafo del cuento Brumas de septiembre, perteneciente al autor Juan Carlos Cena, de su libro Crónicas del Terraplén - 2001.


La violenta represión desatada luego del golpe de Estado de 1955 fue la representación de que el odio de clase se instalaba en todo el territorio nacional contra todos los trabajadores y el pueblo. Todo fue más tarde ratificado por sucesivos gobiernos civiles y militares. La movilización militar a ferroviarios y bancarios, al tiempo, la aplicación nacional del Plan Conintes diseccionado al movimiento obrero peronista, luego, la violenta represión a los ferroviarios durante la Huelga de 1961 que se resistían contra la aplicación de este Plan devastador y de desguace que traía, por encargo del imperio, este General Larkin; todo ocurría en los espacios "democráticos" del gobierno de Arturo Frondizi. La militarización de los conflictos fue una constante antes y durante el gobierno militar de Ongania, continuando por sus sucesores.


Con el advenimiento del gobierno de Isabel Perón, la represión se recrudeció en otras formas: La Triple A, comandada por López Rega junto a su banda, fue el brazo ejecutor más importante y sanguinario, como la implementación de la Masacre de Ezeiza; luego, la represión al cordón industrial del Paraná y así con las masacres selectivas de la Triple A por todo el territorio, junto a la defenestración de gobiernos peronistas populares.

Todo un anticipo de lo que vendría, primero el golpe de estado de 1955 y la continuación más criminal con el golpe genocida de 1976. Todos estos hechos están marcados por el profundo odio de la clase dominante que tiene sobre el pueblo trabajador, obreros, estudiantes, intelectuales honestos y así con lo que se atreven a luchar por su dignidad. Es el poder brutal del Estado utilizado desde la fundación de este territorio como Nación para doblegar al pueblo por mandato del imperio colonial.
Ese odio acumulado tuvo su representación inicial en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, sin duda alguna.
Los bombardeos protagonizados por la marina y aeronáutica de guerra no fueron productos de las contradicciones y de los errores que había incurrido el segundo gobierno de Perón. No, fue un ejercicio anticipatorio inducido por las fuerzas oligárquicas que querían recuperar el terreno y los tiempos perdidos. Operación a modo de advertencia, como un adelanto de lo que vendría. Las fuerzas del odio se reagrupaban y anunciaban que regresarían a cualquier costo.
La masacre de junio de 1955 era la anticipación de ese nuevo recomienzo. Cuestión que estallaría ese mismo año, el 16 de septiembre, con persecución y cárcel, tortura y muerte de miles de hombres y mujeres, trabajadores, delegados, militantes, activistas y todos los que se opusieron a la caída de Perón y a los luchadores populares comprometidos con el pueblo.
Se debía terminar con ese proceso populista de carácter nacional, insoportable para las clases dominantes. La distribución del ingreso, a pesar de la crisis, el gobierno peronista, es decir Perón, había decidido mantener a como de lugar el porcentaje más alto de la distribución del ingreso en forma equitativa con el pueblo, más alto de toda la historia de Latinoamérica. La participación de los trabajadores de la Argentina en el PBI rayaba en el 53 por ciento, hubo momentos del 61 por ciento. Muy mal ejemplo.
Ante tan funesto ejemplo, la oligarquía, con el visto bueno del imperio, comenzó a armarse el andamiaje golpista. El imperialismo yanqui comenzaba a ocuparse de Latinoamérica, había perdido terreno después de la segunda guerra mundial por atender a Europa, la prioridad.
En abril crece el enfrentamiento con la iglesia. El 14 de abril se suspendió en todas las escuelas la enseñanza obligatoria de religión y moral. El 20 de mayo se suprimió, por ley, la exención de impuestos a los templos y organizaciones religiosas y se llamó a una Constituyente para separar la iglesia del Estado.
Esta masacre hay que incluirla en el comienzo de procesos golpistas que se iniciaron en 1930 con el golpe de Uriburu contra el Peludo Hipólito Irigoyen. Se inicia “esa costumbre de golpear las puertas de los cuarteles” por parte de sectores civiles poseedores de un poder económico poderoso, que fueron perjudicados por el reparto equitativo en la distribución de los ingresos, levemente o fuertemente, es que acuden a los cuarteles a que ellos sean su brazo armado y estos militares se prestan a destronar a gobiernos elegidos en las urnas y a reprimir a los opositores de esos intereses.
Estos, los militares, debían resolver por medio de las armas, la fuerza y sin miramientos, las contradicciones que perjudicaban sus intereses, es decir, las contradicciones con los trabajadores y el campo popular. La resolución era la represión violenta. Se rechazaba con terrorismo todo veredicto, por más democrático que fuera, propuestas u hombres elegidos en las urnas que no fueran funcionales a sus ambiciones.
En esta situación se deja de lado todo proceso democrático que no conculque con ellos, por más benéfico que fuera para la Nación y se lanzan a la consumación, una y otra vez, a la concreción del golpe militar. Se utilizan a las fuerzas armadas como herramienta represiva, de opresión, persecución y masacres que han dejado una dolorosa huella en la vida nacional.


EL 16 DE JUNIO


Previo a este ataque se encuentran otros intentos, como el de Benjamín Menéndez en 1951, familia de golpistas y represores.
El mes de junio no era un mes cualquiera en la etapa que vivía el proceso del segundo gobierno peronista. Las contradicciones se profundizaban y continuaron el 10 de junio con la manifestación de la iglesia católica en la procesión de Corpus Chisti, esto, hay que decirlo, excedía lo religioso. Por la noche la quema de una Bandera Argentina, que el gobierno de Perón se lo adjudica a la oposición.


El peronismo y antiperonismo eran una realidad.


La mañana del 16 de junio de 1955 fue el bautismo de fuego de los aviones de la aeronáutica contra el pueblo, aunque lo quieran negar. Operaron esos aviones los aviadores argentinos, arrojando nueve toneladas y media de explosivos, según algunas fuentes, otras, catorce toneladas sobre la población civil inerme. Fijaron sus objetivos de ataque en los puntos del centro neurálgico de la Plaza de Mayo, la casa de gobierno, donde lanzaron sus bolas de fuego y muerte contra los trolebuses repletos de pasajeros, en su mayoría trabajadores que se desplazaban hacia sus tareas, o bien transeúntes distraídos que recorrían ese lugar histórico, mientras se escondían como podían ante la sorpresiva y violenta lluvia de bombas y metrallas. Eran aviones de la Fuerza Área y de la Marina de Guerra Argentina que actuaron con los mismos objetivos y la misma saña criminal.
Aquel 16 de junio, el capitán de fragata Néstor Noriega, de 39 años de edad, esperaba que el cielo se despejara, la escuadrilla formaba escalonada hacia arriba. A las 12,40 Noriega al mando de su Beechcraft descarga una bomba de 100 kilos que cae sobre la sede presidencial; a continuación los North American al mando del capitán de corbeta Santiago Sabarots descargan bombas de 50 kilos cada uno. La Plaza de Mayo era un incendio, quienes salían de las bocas del subte se encentraron con la nube de pólvora, los aviones rasantes sobre el casco porteño, la gritería, la desesperación, la gente intentando esconderse como podía, heridos, muertos, mutilados, así comienza la masacre del 16 de junio. Noriega y Sabarots son los responsables materiales junto a los aviadores de aquel día de masacre, hay otros responsables intelectuales.
En el trabajo por recuperar históricamente aquella masacre, realizado por Gonzalo Cháves, titulado la Masacre de Plaza de Mayo, pasa revista a los nombres de muertos y heridos, lugares donde fueron alojados y la cantidad de muertos NN que aparecen en el listado.
Por otro lado, Gonzalo Cháves afirma en un reportaje concedido a un diario de Rosario: Me sorprendió descubrir entre los protagonistas de la masacre del 16 de junio de 1955 a hombres y nombres que participaron en el golpe del 24 de marzo de 1976, como los dos secretarios del ministro de Marina Olivieri, que fueron Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, dos marinos importantes en el último golpe de Estado. Ellos estuvieron al tanto de lo que iba a pasar y no detuvieron la acción militar contra los civiles. El ministro Olivieri dio parte de enfermo y sólo regresó al despacho dos días más tarde del 16 de junio. Lo mismo hicieron “Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, sus jóvenes ayudantes”.

De esa investigación se desprende que estuvieron involucrados activos participantes de la última dictadura militar como son: Carlos Suárez Mason y Osvaldo Cacciatore, intendente porteño durante la dictadura, el de las famosas autopistas, que integraba la escuadrilla de la aeronáutica que bombardeó la Plaza de Mayo. Otro de los personajes que estuvo en el bombardeo fue el hermano de Massera, Carlos Massera como piloto de la marina.
“La sublevación contó en forma activa con el respaldo de la base naval de Punta Indio que estaba al mando del capitán de marina Néstor Noriega; del BIM 4 (Batallón de Infantería de Marina), asentado en Puerto Nuevo y de parte de la oficialidad de la Aeronáutica hubo dos aviones Catalina que llegaron de la base Espora. La noche del 15 de junio copó Ezeiza, con el objetivo de reabastecerse de combustible y explosivos, porque la base de Punta Indio quedaba muy lejos. De allí los pilotos con sus aviones fueron y volvieron varias veces, entre ellos Cacciatore”, sostiene Cháves.
Hay un testigo incomparable, el camarógrafo de Sucesos Argentinos, Carlos de la Fuente, víctima del bombardeo, que a pesar de estar herido, no perdió la conciencia, llegó a contabilizar "pilas de muertos detrás de la Casa Rosada", con una etiqueta atada con un hilo en el dedo gordo del pie con los datos de cada una de las victimas. Dice lacónicamente: todo fue un pandemonium.
Siempre se trató de minimizar esta masacre, hecho aberrante y criminal si los hubo. Hoy aparecen una serie de lenguaraces hablando y otros escribiendo sobre el bombardeo a la Plaza de Mayo hipócritamente; otros pidiendo resarcimiento económico para las víctimas, toda una burla caricaturesca, cuando, durante años ni se acordaron de ese pueblo masacrado, ni que los fusilados en León Suárez que eran trabajadores y resistentes. Cuando se asesina al pueblo, los plumíferos y charlatanes se hunden en el silencio. Son otras muertes. Otros, falsarios presurosos y oportunistas, dicen, hablan, y del mismo modo, deletreando algunas frases para no quedar fuera en este aniversario.
Repetimos, siempre se trató de minimizar y ocultar por derecha este hecho monstruoso, pero no podemos callarnos y denunciar la carga de hipocresía de algunos que detentan el rótulo de progresistas y adelantados.
Por otro lado el reconocido periodista Gregorio Selser sostiene lo siguiente: “Como culminación de la serie de actos de desagravio a la bandera, se dispone que una escuadrilla de diez aviones a retropropulsión sobrevuelen la Catedral de Buenos Aires, en Plaza de Mayo. Ignorándolo Perón, ese vuelo debe convertirse en la señal de una insurrección conjunta de las tres fuerzas armadas y comandos civiles, que debía iniciarse a las 8”. Pero debido a una imprevista niebla, los aviones sólo pueden alzar vuelo a las 10. Durante ese lapso Perón es informado de la conjura y se traslada al Ministerio del Ejército. Al mediodía aviones navales bombardean la Casa Rosada y sus adyacencias, al tiempo que fracasan los intentos de la infantería de marina de apoderarse del sector. Las víctimas se cuentan por centenares. Los aviones que participaron de la acción se refugiaron en Uruguay”, es decir, se fugan llenos de cobardía.
Dice Roberto Bardini, en un trabajo, que los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo político, eran tiempos de Battle Barres. “Al día siguiente, el diario Clarín -que no se caracteriza por sus simpatías peronistas- escribe: 'Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal agresión perpetrada por los aviadores sediciosos que ayer bombardearon y ametrallaron la ciudad'.
“El ataque a traición de los aviadores navales subversivos produce un terrible impacto emotivo en la población. Durante meses no se habla de otra cosa en los hogares de todo el país. En 'Dossier Secreto - El Mito de la Guerra Sucia -, el periodista norteamericano Martin Andersen cita el informe de un analista de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, quien describe este estupor generalizado en un mensaje enviado a Washington a las tres semanas del sangriento acontecimiento” continua Bardini.
La masacre de junio de 1955 costó la vida aproximadamente a 350 ciudadanos, otras fuentes más precisas sostienen 367, y a más de dos millares de heridos, sin contar las profundas secuelas de terror que se instaló en gran parte de la población que vivió, asistió y sufrió aquellos bombardeos encabezados por los aviones de la marina y Aeronáutica, acción indudablemente repudiable.
García Acosta sostiene en una nota publicada por este medio, en el 2005 que: “En la Mesa de Entradas General de la DAOM, donde trabajaba, se llevaba el registro de todo lo que se emitía como notas, órdenes de trabajo. Cada dependencia tenía un número y una barra, al que seguía el número de la actuación. La Dirección de Construcciones tenía el número 1/. A primera hora un ordenanza trajo una nota con una orden de trabajo urgente: informaba que la Dirección de Construcciones procedería a cavar 700 tumbas en el Cementerio de la Chacarita. Al asentarla en el libro tuve clara conciencia de la masacre.
Muchos años después, ya disuelta la DAOM y yo fuera de ella, por razones de investigación histórica, traté de ubicar en el Archivo Municipal ese enorme libro de Registro de la Dirección de Construcciones para volver a ver, allí registrada con mi letra, ese macabra orden de trabajo, tétrico reflejo del doloroso enfrentamiento que dividió a los argentinos y que tuvo formas de barbarie”.
Los hospitales que brindaron ayuda en el momento que se producía la caída de casi 14 toneladas de explosivos sobre la Plaza de Mayo y adyacencias fueron: la denominada y conocida Asistencia Pública, los hospitales Argerich, Rawson, Clínicas, Alemán, Policlínico del Ministerio de Hacienda, Policlínico Militar y Policlínico Rivadavia. Otras fuentes tienen la información sobre los muertos y heridos en el hospital Ramos Mejía y Español y el Policlínico Durand; otro grupo lo conforman los Policlínicos Fernández, Álvarez y Las Heras. Lo de policlínicos es la denominación de la época. En la Morgue Judicial como en los listados de los hospitales y policlínicos se encontraba la lista de muertos y heridos.
Las mujeres fallecidas e identificadas son 50, 9 las NN femeninas, los hombres no identificados son dos decenas. Asimismo, en la Asistencia Pública aparecen 25 cadáveres no identificados y el Policlínico Las Heras no se suministraron, en su momento, la lista de los muertos. Además, hay una lista de enfermeras y enfermeros que prestaron ayuda a los atacados y fueron muertos en el bombardeo, sumando otros seis asesinados.
Un cable de ANSA, por otro lado, informaba sobre los sublevados que piden asilo en Uruguay: la lista de 27 rebeldes, incluyendo a un civil. Un párrafo aparte sobre la participación de los civiles, ya que esta sublevación militar contó con comandos civiles que luego actuarían durante la denominada Revolución Libertadora. La lista es publicada por el diario La Nación del 8 de julio de 1955, donde se incluyen las bajas o retiros entre los militares insurrectos: Aeronáutica: 26 miembros y en la Marina, 78 marinos. Estos destierros de las fuerzas fueron refrendadas por los ministros de Marina y Aeronáutica. Además el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas informaba que habían sido encuadrados en el marco de rebeldía al personal interviniente en los sucesos del 16 de junio, de acuerdo al Código de Justicia Militar.
Pero la realidad posterior ocultó la masacre del 16 de junio, se conoció más la quema de las iglesias que este momento histórico, que no sólo marcaba el comienzo del final del gobierno peronista, sino, el recomienzo e implementación por parte del Estado, la puesta en marcha de la maquinaria represiva.


Apareció la consigna: Cristo Vence.


Se cumple más de medio siglo de este suceso aberrante, es la inauguración de un proceso histórico que brota de las entrañas de lo más rancio del poder oligárquico con violencia y represión, era la ofensiva de las fuerzas de ese poder para apoderarse del aparato del Estado: comenzaba en el campo social el desmontaje de una formación ideológica de carácter nacional.
Luego del bombardeo, parte del pueblo salió a la calle enardecido. Perón trató de contenerlos. En esa reacción, donde le solicitaron armas al Perón, se cometieron algunos desmanes como respuesta a la masacre. Se cumplió más de medio siglo y, sin embargo, la masacre sigue impune, como tantas otras aberraciones contra el pueblo. Por eso, debe aparecer la memoria histórica, rescatar la identidad colectiva y que estos asesinatos queden escritos en los anales de la historia, los nombres de sus autores.
El 16 de septiembre, de ese mismo año, se termina de consumar lo iniciado el 16 de junio de 1955; La masacre de Plaza de Mayo. Luego de la caída de Perón vendrán los asesinatos a mansalva en José León Suárez y los fusilamientos de junio de 1956.
Comenzaba la construcción de un andamiaje legal de un gobierno militar de facto, con la vigencia del Decreto 4161 que preveía cárcel para todo aquel que mostrara sus simpatías peronistas, luciera emblemas o fuera miembro de la Resistencia Peronista.
El odio de clase se mostró en la quema de todas las bibliotecas que tenían libros de aquellos que eran teñidos de peronistas. Los 9 tomos del sanitarista Ramón Carrillo, Teoría del Hospital son quemados, y así todo lo que había pertenecido al gobierno peronista, como la anterior residencia presidencial que fue devorada por las llamas. La destrucción de la Fábrica Argentina de Locomotoras instalada en talleres Liniers fue desguazada y los prototipos de las locomotoras Justicialista y Argentina cortadas con sopletes, entre tantos hechos de verdadera violencia.

El gobierno militar, por presión de la oligarquía vacuna, anula la Ley del Peón Rural.
Muchos de los que participaron en el bombardeo guerniquiano a Plaza de Mayo, luego del derrocamiento de Perón, ocuparon altos cargos en los distintos gobiernos civiles y militares, como Zavala Ortiz de origen radical, algunos fueron premiados colocando sus nombres a algunas de nuestras calles y al nombre de una estación de subterráneos como Ing. Carranza, conspicuo comando civil durante la Libertadora.
En el caso de Francisco Manrique fue funcionario en la liberadora con Lanusse, otros como Olivieri fue premiado y el cargo fue representante ante la ONU - Organismo de las Naciones Unidas, Vicchi, embajador en Estados Unidos de América; y en el caso de Toranzo Calderón, uno de los responsables fundamentales de aquella matanza fue a la España franquista como embajador, donde mostró orgulloso el Guernica Argentino.
Una costumbre de las clases dominantes instalada en este país, con un fuerte contenido de clase, es que casi todos los genocidas en la Argentina son homenajeados de una u otra manera, con sus nombres señalan calles o plazas, como Juan de Garay o Julio A. Roca, dos ejemplares genocidas, entre otros.

Varias décadas llevó instalar el tema del Guernica Argentino, miles de muertos y desapariciones hay en esta historia, sin embargo, es bueno comenzar por donde empezó. Porque los nombres de los aviadores son los comandantes y principales figuras del 24 de marzo de 1976 y de los hechos posteriores. Y en esa misma cadena de realidades, que se conectan, están todas las violaciones a los derechos humanos y la implementación de otras formas para dejar impune todo este largo proceso de dolor y muerte, represión y desaparición.
Es bueno comenzar por el principio. Aquella mañana nublada y fría de junio, un jueves, como hoy 22 North American, 5 Beerchraft, 4 Gloster y 3 Anfibios catalina, 34 aviones en total nublaron el cielo de Buenos Aires, durante el espacio de horas de terror, y a partir de las 12,40 y con vuelos rasantes y asesinos, hasta entrada la tarde otoñal de junio, acumularon muertos, heridos y desesperación. Dos décadas después muchos de estos marinos y aviadores iniciaban el camino de la última dictadura militar.
Hoy muchos de ellos, están sindicados en las fojas enrojecidas de la represión estatal…

Como sostiene el poeta Roque Dalton: no se puede construir nada que se parezca a reconciliación con este “inmenso mar de mierda”…


Fuente:
Juan Carlos Cena - Elena Luz González Bazán (especial para ARGENPRESS.info)
Imagen: Acrílico de Gerardo Bavio – Bombardeo 16 de junio de 1955 -
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"No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes. No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos."

de

Pensamiento vivo

"La falsificación (de la historia) ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de experiencia que es la sabiduría madre."
(...) "Pero se sigue adoctrinando sistemáticamente en la enseñanza de la historia para lo cual los réprobos son los que defendían la soberanía y los próceres los que la traicionaban para fines institucionales."
(...) "Ese es el gran problema argentino: es el de la Inteligencia que no quiere entender que son las condiciones locales las que deben determinar el pensamiento político y económico."

“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”
"Todos los sectores sociales deben estar unidos verticalmente por el destino común de la Nación (...) Se hace imposible pensar la política social sin una política nacional."

Arturo Jauretche

13 de noviembre de 1901 / 25 de mayo de 1974

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