06 septiembre 2011

Revolución del ´30

6 de septiembre de 1930: un golpe de Estado que marcó la historia del siglo XX (Argentina)
Ese día comenzó la inestabilidad institucional que llegaría hasta 1983.


El 6 de septiembre de 1930 el golpe de Estado encabezado por el general José Félix Uriburu no sólo quebró el orden constitucional, derrocando al legítimo gobierno de Hipólito Yrigoyen, sino que marcó lo que quedaría del siglo XX como una alternancia de administraciones civiles y militares, estas últimas alentadas por este ejemplo. En esa fecha, con la llamada Revolución del ´30, se quebró la continuidad democrática iniciada en 1912 con la ley Sáenz Peña.
José Félix Uriburu (1868-1932), el líder de la revolución del 6 de septiembre de 1930, descendía de tradicionales familias salteñas y entre sus antepasados o parientes se contaban personalidades tan destacadas como el General Arenales o el ex presidente (1895-1898) José Evaristo Uriburu.
En mayo de 1929, el Presidente Yrigoyen firmó su pase a retiro, finalizando así una carrera que había comenzado a los 17 años. Para la fecha de su retiro, Uriburu tenía 61 y no estaba dispuesto a permanecer inactivo.
El 6 de septiembre de 1930 Uriburu encabezó el movimiento que terminó con el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen.
Desde ese momento y hasta 1983 la Argentina no tuvo una democracia estable. Sería largo recordar la lista de interrupciones del orden constitucional.
Ya ha pasado tiempo desde entonces, y la historia ha juzgado a los responsables.
Si recordamos aquella jornada, vuelven a la memoria los cadetes del Liceo Militar marchando hacia la Casa Rosada, alentados por la multitud y en especial desde la sede del diario Crítica, en Avenida de Mayo al 1300. Cuántos de quienes alentaban había votado al "Peludo" dos veces como Presidente de la Nación y ahora festejaban su caída, pisoteando su imagen, como muestran los testimonios fotográficos...
Hasta Carlos Gardel compuso una canción que su voz llevó a toda América, elogiando aquel movimiento, que honraba la consigna "¡Viva la Patria!".


Aquella revolución fracasó, pero su semilla de interrupción fácil del orden constitucional quedó en tierra fértil.
Para que la memoria del pueblo tenga presente estos hechos es necesario que sean recordados, sin olvidar cada uno de ellos y a sus protagonistas.
A los argentinos del siglo XXI toca custodiar la democracia como única forma de gobierno para el país. Pasa por momentos difíciles, pero debe ser defendida a toda costa.
En octubre de 2008 la entonces presidente argentina, Cristina Fernández de Kirchner, presidió una ceremonia en Casa de Gobierno en la que se descubrió un busto de su antecesor entre 1983 y 1989, Raúl Alfonsín, el primer presidente del período democrático posterior al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Alfonsín dijo entonces que en la Argentina nunca más habrá presidentes de facto, lo que constituye un mandato de honor para los ciudadanos democráticos. Desde la asunción de Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983, como primer mandatario de la Nación Argentina, los mandatos presidenciales se han sucedido dentro de lo establecido por la Constitución Nacional. En el caso de renuncias anticipadas, como las del propio Alfonsín en 1989 y de Fernando de la Rúa en 2001, se siguieron también las normas de la Carta Magna sin dañar o menoscabar en lo más mínimo el sistema que rige a la República.
Si la continuidad constitucional se fortalece, habremos brindado nuestro mejor homenaje a aquel gran hombre que fuera Hipólito Yrigoyen, a quien la historia recordará como un gran gobernante, patriota y ciudadano. (Alberto Auné)
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03 septiembre 2011

Juan Bautista Maciel

5 de Septiembre de 1937
Coronel Dorrego – Provincia de Buenos Aires

No puede ser…, Justo me prometió que no sería así…
(Marcelo T. de Alvear)

Siete horas estuvo tirado el cuerpo del hombre saturando con su sangre las estrías y meandros de los canteros linderos a la plaza dorreguense. Su doliente y mortecina traza era demasiado necesaria como mensaje y testimonio de victoria. Al igual que en la antigua Micenas, exhibir el cadáver del líder oponente daba por terminada la contienda, sometiendo de modo taxativo cualquier porfía del adversario.

Luego de su caída, los sonoros impactos fueron menguando su intensidad hasta perderse definitivamente por los suburbios de la aldea. Nadie, alejado de la explanada, daba por sentado que el hombre había sufrido una emboscada. Entenderlo muerto era percibirse derrotado y ese concepto no encajaba dentro de la mística revolucionaria del grupo de combatientes que había decidido levantarse en armas ante el grosero fraude electoral y la ausencia de libertades cívicas. Las autoridades locales cercaron el lugar de forma tal impedir cualquier tipo de asistencia médica bajo la excusa de tener que aguardar por la llegada del juez. El matador, luego que la partida de insurrectos se dispersara confusamente, descendió del campanario de la Parroquia para acercarse al occiso corroborando de ese modo su alto grado de eficacia, retirándose luego en dirección al edificio comunal en busca de su paga. Mientras se dirigía a destino varias palmadas en la espalda exaltaron sus talentos. El ceño fruncido y cierto disgusto lo acompañaron durante su estadía en la ciudad. Sabía que un valiente no debía morir de ese modo, pero él no estaba para juzgar sino para operar. Aquellos servicios de excelencia lo instalaban como profesional en la materia, de modo que fallar significaba el fin de su garantía. Necesitó de dos certeros impactos para aplacar la revuelta.

Sabedor que lo esperaban, el caudillo republicano consideraba haber cubierto prudentemente sus posibles flancos sin pensar que los altos de la Iglesia brindaban extrema perspectiva y una visión integral de la plaza central. Luego de persignarse, el matador se instaló rodilla en tierra delante de la claraboya que orientaba hacia el este dejando que sólo el caño de la carabina asomase por la ventila. La sensación de una mirada extraviada, portando su Winchester, las bombachas blancas, las botas coloradas, el pañuelo negro anudado al cuello fue lo último que logró reconocer del hombre. Lo imaginó asumiendo el error cometido, entendiendo que cuando Dios se calla el ser humano puede obligarle a decir cualquier cosa, inclusive otorgar cobijo en su domo a un eximio y rentado francotirador.

“Juan Bautista Maciel avanzaba por la plaza, solo, con su par de pelotas, mientras desde la torre de la iglesia lo hervían a balazos” (Félix Luna)

de la novela historiográfica Cuando el Descuido Nos Omite



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01 septiembre 2011

Nicolás Casullo

Fragmento de "Peronismo. Militancia y Crítica" de Nicolás Casullo
(Publicado el 12 de Mayo del 2002)

NESTOR KIRCHNER

Néstor Kirchner representa la nueva versión de un espacio tan legendario y trágico como equívoco en la Argentina: la izquierda peronista. En su rostro anguloso, en su aire desorientado como si hubiese olvidado algo en la mesa del bar, Kirchner busca resucitar esa izquierda sobre la castigada piel de un peronismo casi concluido después del saqueo ideológico, cultural y ético menemista. Convocatoria kirchnerniana por lo tanto a los espíritus errantes de una vieja ala progresista que hace mucho tiempo atrás pensaba hazañas nacionales y populares de corte mayor. Revolotean escuálidos los fantasmas de antiguas Evitas, CGT Framinista, caños de la resistencia, Ongaro, la gloriosa JP, la tendencia, los comandos de la liberación, ahora sólo eso, voces en la casa vacía. Por eso un Néstor Kirchner patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado bacán casado con la más linda del pueblo, debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática) sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los 70 se lleno de calles, revoluciones, fe en el general, pero también de violencia, sangre, pólvora, desatinos y muertes a raudales, y de la cual el propio justicialismo en todas sus instancias hegemónicas desde el 76 en adelante, renegó, olvidó y dijo no conocer en los careos historiográficos. De ahí que en las nuevas generaciones de jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel "peronismo de izquierda" no dejó datos ni rastros: las nuevas generaciones medias no alcanzan a descifrar ese rótulo como algo digno de ser pensado. Por eso, como espacio histórico dramático y fallido, lo de Kirchner tiene el signo de la nobleza, del respeto a una generación vilipendiada con el mote de puro guerrillerismo. Es fiel a una memoria fuerte del país que ningún peronista "referente" se animó a aludir en la nueva democracia, y también signo de aquellos fatalismos. Larga es la lista de enemigos internos y externos de esa izquierda nacional en el movimiento desde el 1953 hasta hoy: los "cobardes, entreguistas, traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota, antipueblo" y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y renovación justicialista que desembocó en el menemismo-liberal que enamoró a todos los poderes reales en la Argentina. Lista de defecciones tan eterna y concreta que casi terminó siendo, desde 1955, la historia real del peronismo. La de sus defecciones. En esa temeraria pelea esta inscripto hoy el de Santa Cruz. Según muchos Kirchner asume la responsabilidad de una pieza semiarqueológica: los militantes peronistas "setenteros", ahora cincuentones, quienes viven la biografía del movimiento del 45 como sentados en una estación abandonada y ventosa muy al sur del país por donde volver a pasar, aunque todavía no se note, ni se crea, ni se oiga, aquel verdadero tren de la historia que algún día podrá llenar de humo purificador la patria.

Sentados en el andén vacío y destartalado, como a una hora señalada, los del grupo toman mate, hacen muñequitos de madera con las navajas, parrillan corderitos en la estación sin nadie, miran de soslayo por si se acerca alguien, y achican los ojos cada tanto con las manos de visera en pos de un imaginario punto negro, lejano, que se vaya agrandando sobre las vías con su silbato anunciador. La cuestión es no dar demasiados datos de esa espera. Por eso Kirchner habla rápido, a veces medio desprolijo, o deambula confusamente entre cámaras de noticiero tratando de coincidir con la memoria de los mártires, con el subsuelo del tercer cordón ex -industrial, o con una histérica cacerolera de Belgrano R. Porque en realidad esta diciendo algo difícil, complejo, discutible, pero a lo mejor por eso profundamente cierto en cuanto a por cual sendero se sale realmente de este entuerto donde el país se desbarranca por la ladera perdida toda idea de si mismo, toda imagen nacional. Es posible que no sea candidato, o mejor dicho que no le alcance el envión entre los sueños solapados del presidente Duhalde, las encuestas optimistas de De la Sota, la coincidencia de los poderes con Reutemann, las infinitas "re-reelecciones" de Menem, el caradurismo simpático de Rodríguez Saa.

Desgarbado, lungo, de palabra directa, está último en esa lista, cuando cada tanto viene del sur para exigir elecciones ya. Para decir que va por adentro o va por afuera pero no va a entrar en ninguna trenza. Lo converso con mis amigos y el 80 % no lo ubica, lo semitienen en algún rincón de las imágenes del conciente pero no del todo. Les digo que es el fantasma de la tendencia que vuelve volando sobre los techos y sonríen como si les hablase de una película que no se va a estrenar nunca porque falta pagar el master. Si rompe con el peronismo corre el eterno peligro de quedarse solo, ser simple izquierda, ser no "negocio". Si se queda adentro, ya nadie sabe en que paraje en realidad se queda: corre el peligro de no darse cuenta un día que él tampoco existe. En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que esta no fue toda la historia. Que hay una última narración escondida en los mares del sur.
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22 agosto 2011

José de San Martín

17 de Agosto

Homenaje a José de San Martín


Citas

El que se ahoga no repara en lo que se agarra.

De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo, quien los iguale habrá quien los exceda no.

El hombre bajo todo gobierno será el mismo, con las mismas pasiones y debilidades.

La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos.

Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria.

Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos.

Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Para los hombres de coraje se han hecho las empresas.

Serás lo que debas ser, si no, no serás nada.

Si hay victoria en vencer al enemigo; la hay mayor cuando el hombre se vence a si mismo.

La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien.

Una derrota peleada vale más que una victoria casual.

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28 julio 2011

Teatro Abierto en el Picadero


El Teatro Abierto


Empezando en los años 1980 y 1981, la comunidad artística alistó en un movimiento de mucho valor. Aunque nadie sabe las reacciones ni las ramificaciones que surgirían de la dictadura y su partidario, un grupo se formó que hablaría contra el estado y las cosas que estaban pasando. El Teatro Abierto, consistiendo en más de cien escritores, agentes, directores, diseñadores, músicos y técnicos (la mayoría estaban puestos en la lista negra), era fundado para causar cambios políticos y socios. Osvaldo Dragún era uno de los creadores, y él recordó las reuniones como abrumadas por miedo, secretos, y un sentimiento de incapacidad. Los criadores nucleares consistieron en marxistas, peronistas, judíos, cristianos, y ateos y, juntos, conjurando el valor para combatir y desafiar la dictadura opresa. El Teatro Abierto era una serie de 21 obras cortas que se dirigió las cosas que pasaron en Argentina por la mano del gobierno. Cada obra duró sólo una vez, para prevenir la censura, y era apoyado fuertemente por los que se oponían al gobierno. Los teatros ofrecieron sus etapas y las primeras obras se estrenaron en el Teatro Picadero; los actores, escritores, y directores trabajaron gratis; la admisión era abierta a todos y el público no le pagó nada. El festival empezó en el 28 de julio en el Teatro Picadero en Buenos Aires. Aunque las obras empezaron a las seis y media y el público tenía mucho miedo, los boletos para cada obra se agotaron. La reacción de la junta venía rápidamente. El 5 de augusto, el teatro fue quemado misteriosamente, pero esto no era un impedimento para el movimiento. En cambio, esto le confrontó y estimuló, y las obras pusieron en escena en el Teatro Tabarís. Por la primera vez, el tema de los desaparecidos y la implicación de la junta se trataron. Las obras ilustraron en la etapa la violencia política real que pasó cada día, cada momento en el país. Atacaron el régimen totalitario y exigieron cambio social. Eran diseñadas para recibir reacciones del público.

Eran eficaces porque las funciones eran la ignición que encendió asambleas públicas. En dos meses, había 25.000 espectadores. Porque El Teatro Abierto tenía mucho éxito, creó motivación para la gente a demostrar y reunir.

Una de las obras era El desconcierto por Diana Raznovich. Confrontó el problema que la gente tenía de censurar a si mismo. Trataba de una artista – una pianista – quién es pagada para tocar una pieza por Beethoven. Sin embargo, el piano no hace ningún sonido, y durante la obra ella lucha para hacer la música oída. Cuando el piano comienza a emitir sonidos, las notas están en discordia. La mujer desea que el piano vuelva al silencio y al fin, el piano está callado y ella regocija. La obra de Raznovich explora la inclinación de muchas artistas argentinas de estar silenciosas y censuradas. No protestaron con voz su oposición a la junta, entonces, su oposición no fue eficaz. Con el silencio, ellos perdieron cualquier mensaje que poseían. Sin embargo, con la voz viene la discordia y entonces, la protesta silenciosa es más fácil. Aunque la obra demostró que con el silencio viene la facilidad y la armonía, la discordia es el único sonido que se puede oír, y puede causar el cambio.
Los efectos del Teatro Abierto eran enormes. No solamente las obras alzaron la potencia de los teatros en Argentina, empezaron y ayudaron a cambiar el status quo en Argentina. Aunque El Teatro Abierto se convirtió en un evento anual entre los años 1982 – 1986, por el año 1983, la necesidad para las obras comenzó a descender. La meta de las obras era realizada mientras la influencia y la presencia de la dictadura se cayó. Uno de las consecuencias del Teatro Abierto era el declive de la dictadura y la vuelta de regla civil, mostrando el poder del teatro. Una idea que empezó como una hazaña enorme era casi imposible. Carlos Gorostiza, el director de la obra El acompañamiento, recordó que “todo sea imposible. Éramos un grupo de locos que quisiéramos cantar las cosas que no podían ser cantados… una posibilidad loca.” Ellos pusieron en escena los problemas de Argentina, poniendo en peligro sus vidas y revolucionando para ser un catalizador para cambiar una nación.

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25 julio 2011

Eva Duarte de Perón

26 de Julio de 1952 - 26 de Julio de 2011

Fragmentos de Mi Mensaje


Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad. Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados. El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros. Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?


Pero más abominable aún que los imperialistas son los hombres de las oligarquías nacionales que se entregan vendiendo y a veces regalando por monedas o por sonrisas la felicidad de sus pueblos. Yo los he conocido también de cerca. Frente a los imperialismos no sentí otra cosa que la indignación del odio, pero frente a los entregadores de sus pueblos, a ella sumé la infinita indignación de mi desprecio. Muchas veces los he oído disculparse ante mi agresividad irónica y mordaz. "No podemos hacer nada", decían. Los he oído muchas veces; en todos los tonos de la mentira. ¡Mentira! ¡Sí! ¡Mil veces mentira...! Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos. No hay ningún pueblo de la tierra que no pueda ser justo, libre y soberano. "No podemos hacer nada" es lo que dicen todos los gobiernos cobardes de las naciones sometidas. No lo dicen por convencimiento sino por conveniencias.


Me rebelo indignada con todo el veneno de mi odio, o con todo el incendio de mi amor -no lo sé todavía-, en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. Tengo plena conciencia de lo que escribo. Sé lo que sienten y lo que piensan de esos círculos los hombres y mujeres humildes que constituyen el pueblo. Todos los pueblos de la humanidad. Yo no los condeno personalmente. Aunque personalmente me combatieron y me combaten como enemiga declarada de sus propósitos y de sus intenciones. En el fondo de mi corazón, yo no deseo otra cosa que salvarlos con mi acusación, señalándoles el camino del pueblo por donde llega el porvenir de la humanidad. Yo sé que la religión es el alma de los pueblos y que a los pueblos les gusta ver en sus ejércitos la fuerza pujante de sus muchachos como garantía de su libertad y expresión de la grandeza de su Patria. Pero sé también que a los pueblos les repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto de la religión. La Patria es del pueblo, lo mismo que la Religión. No soy antimilitarista ni anticlerical en el sentido en que quieren hacerme aparecer mis enemigos. Lo saben los humildes sacerdotes del pueblo que me comprenden a despecho de algunos altos dignatarios del clero rodeados y cegados por la oligarquía. Lo saben los hombres honrados que en las fuerzas armadas no han perdido contacto con el pueblo. Los que no quieren comprenderme son los enemigos del pueblo metidos a militares. Ellos desprecian al pueblo y por eso desprecian a Perón, que siendo militar abrazó la causa del pueblo aún a costa de abandonar en cierto momento su carrera militar. Yo veo no sólo el panorama de mi propia tierra. Veo el panorama del mundo y en todas partes hay pueblos sometidos por gobiernos que explotan a sus pueblos en beneficio propio o de lejanos intereses. Y detrás de cada gobierno impopular he aprendido a ver ya la presencia militar, solapada y encubierta o descarada y prepotente. En este mensaje de mis verdades, no puedo callar esta verdad irrefutable que se cierne como la más grande sombra cubriendo los horizontes de la humanidad. Es necesario que los pueblos destruyan los altos círculos de sus fuerzas militares gobernando a las naciones. ¿Cómo? Abriendo al pueblo sus cuadros dirigentes. Los ejércitos deben ser del pueblo y servirlo. Deben servir a la causa de la justicia y de la libertad. Es necesario convencerlos de que la Patria no es una geografía de fronteras más o menos dilatadas sino que es el pueblo. La Patria sufre o es feliz en el pueblo que la forma. En la hora de nuestra raza, en la hora de los pueblos, la Patria alcanzará su más alta verdad. Es necesario que los ejércitos del mundo defiendan a sus pueblos sirviendo la causa de la justicia y de la libertad. Solamente así se salvarán los pueblos de caer en el odio contra "eso" que antes se llamaba Patria, y que era una mentira más ¡una bella mentira que inventó la oligarquía cuando empezó a vender la dignidad del pueblo, es decir la dignidad augusta y maravillosa de la Patria!


Es lindo vivir con el pueblo. Sentirlo de cerca, sufrir con sus dolores y gozar con la simple alegría de su corazón. Pero nada de todo eso se puede si previamente no se ha decidido definitivamente encarnarse en el pueblo, hacerse una sola carne con él para que todo dolor y toda tristeza y angustia y toda alegría del pueblo sea lo mismo que si fuese nuestra. Eso es lo que yo hice, poco a poco en mi vida. Por eso el pueblo me alegra y me duele. Me alegra cuando lo veo feliz y cuando yo puedo añadir un poco de mi vida a su felicidad. Me duele cuando sufre. Cuando los hombres del pueblo o quienes tienen obligación de servirlo en vez de buscar la felicidad del pueblo lo traicionan. También tengo para ellos una palabra dura y amarga en este mensaje de mis verdades. Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron. No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición.


Esa Mujer
Rodolfo Walsh


El coronel elogia mi puntualidad:
-Es puntual como los alemanes -dice.
-O como los ingleses.
El coronel tiene apellido alemán.
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
-He leído sus cosas -propone-. Lo felicito.
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.
El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.
Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.
El coronel sabe dónde está.
Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.
Él bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.
-Esos papeles -dice.
Lo miro.
-Esa mujer, coronel.
Sonríe.
-Todo se encadena -filosofa.
A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.
-La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.
-¿Mucho daño? -pregunto. Me importa un carajo.
-Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años -dice.
El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
Entra su mujer, con dos pocillos de café.
-Contale vos, Negra.
Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.
-La pobre quedó muy afectada -explica el coronel-. Pero a usted no le importa esto.
-¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
El coronel se ríe.
-La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.
Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
-Cuénteme cualquier chiste -dice.
Pienso. No se me ocurre.
-Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
-¿Y esto?
-La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.
El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
-¿Qué más? -dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
-Le pegó un tiro una madrugada.
-La confundió con un ladrón -sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
-Pero el capitán N...
-Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.
-¿Y usted, coronel?
-Lo mío es distinto -dice-. Me la tienen jurada.
Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.
-Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.
-Me gustaría.
-Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?
-Ojalá dependa de mí, coronel.
-Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.
Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.
-Mire.
A la pastora le falta un bracito.
-Derby -dice-. Doscientos años.
La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.
-¿Por qué creen que usted tiene la culpa?
-Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.
El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.
-Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.
-¿Qué querían hacer?
-Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
-Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.
-Y orinarle encima.
-Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.
No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.
-Esa mujer -le oigo murmurar-. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.
El coronel bebe. Es duro.
-Desnuda -dice-. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitán de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente-, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso...
Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.
-Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.
Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.
-...se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos-, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?
-No.
-Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.
Vuelve a servirse un whisky.
-Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.
Bruscamente se ríe.
-Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.
Repite varias veces "Eso le demuestra", como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.
-Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.
-¿Pobre gente?
-Sí, pobre gente -el coronel lucha contra una escurridiza cólera interior-. Yo también soy argentino.
-Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.
-Ah, bueno -dice.
-¿La vieron así?
-Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo...
La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.
-Para mí no es nada -dice el coronel-. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dese cuenta.
Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da... Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.
-A mí no me podía sorprender. Pero ellos...
-¿Se impresionaron?
-Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: "Maricón, ¿esto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo." Después me agradeció.
Miró la calle. "Coca" dice el letrero, plata sobre rojo. "Cola" dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. "Beba".
-Beba -dice el coronel.
Bebo.
-¿Me escucha?
-Lo escucho.
Le cortamos un dedo.
-¿Era necesario?
El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.
-Tantito así. Para identificarla.
-¿No sabían quién era?
Se ríe. La mano se vuelve roja. "Beba".
-Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?
-Comprendo.
-La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
-¿Y?
-Era ella. Esa mujer era ella.
-¿Muy cambiada?
-No, no, usted no me entiende. Igualita. Parecía que iba a hablar, que iba a... Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.
-¿El profesor R.?
-Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.
En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.
-¿Enciendo?
-No.
-Teléfono.
-Deciles que no estoy.
Desaparece.
-Es para putearme -explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.
-Ganas de joder -digo alegremente.
-Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.
-¿Qué le dicen?
-Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.
Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.
-Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.
El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.
-La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.
Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cuna, remedios, cigarrillos, vida, muerte.
-Llueve -dice su voz extraña.
Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.
-Llueve día por medio -dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.
Dónde, pienso, dónde.
-¡Está parada! -grita el coronel-. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!
Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.
-No me haga caso -dice, se sienta-. Estoy borracho.
Y largamente llueve en su memoria.
Me paro, le toco el hombro.
-¿Eh? -dice- ¿Eh? -dice.
Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.
-¿La sacaron del país?
-Sí.
-¿La sacó usted?
-Sí.
-¿Cuántas personas saben?
-DOS.
-¿El Viejo sabe?
Se ríe.
-Cree que sabe.
-¿Dónde?
No contesta.
-Hay que escribirlo, publicarlo.
-Sí. Algún día.
Parece cansado, remoto.
-¡Ahora! -me exaspero-. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!
La lengua se le pega al paladar, a los dientes.
-Cuando llegue el momento... usted será el primero...
-No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.
Se ríe.
-¿Dónde, coronel, dónde?
Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.
Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.
-Es mía -dice simplemente-. Esa mujer es mía.
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Elecciones de Santa Fe. Por Gustavo Sala

A veces uno más uno es igual cero

¿Será cierto que la mayoría de la población desea vivir en una sociedad justa, solidaria, equitativa, en donde todos tengamos posibilidades de desarrollar el completo de variantes que la vida ofrece?
No estoy muy seguro. Por fuera de los deseos ocasionales poco esfuerzo observo para que tales fines lleguen a buen puerto, por lo menos, desde la adhesión política se percibe una suerte de confusión y esquizofrenia colectiva sobre las ideas, modos y medios para llegar a determinados objetivos.
Resulta digna de estudio la heterogeneidad del voto, pero más curioso aún lo es la argumentación por la cual se sostiene dicha decisión.
Lamentablemente la mayoría no concibe a la horizontalidad que presenta la política formal como mecanismo para la solución de su problemática, generalmente se aspira al verticalismo individual como ente determinante. Veo con suma preocupación que las plataformas políticas no presentan interés para el electorado, presuponiendo que nada de lo redactado o enunciado se transformará en una realidad tangible. Así un heredero de dudosa ética puede sostener serías aspiraciones presidenciales, al igual que un cómico de segunda categoría a una gobernación, lo mismo ocurre con un cineasta cuya obsesión es el humo, y en idéntico plano vemos un multimillonario sojero y homofóbico, embebido con un limonado abrigo. Figuras populares, que dan muy bien en los medios, reemplazan la actividad militante llegando, en un breve lapso de tiempo, a competir con serios índices de adhesión.
El voto no deja de ser una opinión sobre el modelo de Nación que se aspira tener, dando por sentado que el concepto modelo o proyecto tienen que ver con propiciar mecanismos inclusivos para la totalidad de sus habitantes. No creo que conscientemente alguien escoja propuestas que formulen exclusión, sin embargo, en nuestro universo global, se pueden observar tendencias que apuntan en esa dirección.
La voracidad capitalista es vista como motor de progreso individual mientras que el cooperativismo solidario se observa como materia desechable. El Estado, es decir todos nosotros, es ridiculizado y menoscabado, tanto por quienes compiten con él como por los que abrevan de él, pretendiendo, en lo profundo de sus intenciones, dejar liberada la ruta distributiva a la mano negra del mercado; eso sí sin dejar de aprovechar los tan convenientes subsidios estatales.
Argentina posee una impactante segmentación regional, lo que hace que ciertas necesidades de determinados lugares resulten obsoletas en otros, dependiendo de su índice poblacional para que dicha necesidad se vea contemplada. Así pues la resultante histórica fueron enormes movimientos migratorios producto de la no-evaluación de aquel segmento inobservado. La planificación forma parte de ese asunto y es allí en donde la política es irremplazable, en donde las percepciones individuales no alcanzan, en donde los globos de colores resultan tan inútiles como vergonzosos.
Cabe señalar que la individualidad cercena la posibilidad de lo colectivo contando permanentemente con un culpable a mano. Tal vez la necesidad de ese único sujeto responsable motorice ciertamente a los admiradores del personalismo. De todas formas no hay que confundir el significado de un líder, a la cabeza de un proyecto político, con un entusiasta figurín asesorado y atesorado publicitariamente. Las diferencias en los resultados son tan abrumadoras como lo son las dificultades para anticiparse al sofisma. Cualquier espontáneo (y recuerdo a Corzo Gómez) puede armarse de una imagen mediática fácilmente digerible, las consecuencias se perciben a corto plazo cuando vemos que los cimientos intelectuales, para pensar y desarrollar una base política, no poseen sustancia ni posibilidad de instrumentación.
Los Partidos Políticos, institucionalmente, son las herramientas más eficaces para estar al frente de las naciones siempre y cuando contengan una fuerte estructura federal que entienda a cada región dentro de un conjunto llamado Nación. No hay modo de concebir un proyecto de país serio sin entender e interpretar las relaciones territoriales existentes. Para eso se necesitan cuadros preparados regionalmente, capaces de no omitir que Tierra del Fuego y Jujuy tienen mucho más en común que sus obvios intereses turísticos.
De todas formas en la mayoría de las sociedades del planeta pululan aquellos que sospechan poseer todas las respuestas, el dilema que se plantea es determinar si dichas repuestas se corresponden a las preguntas esenciales que someten a las sociedades en su conjunto.
Los cuadros políticos técnicos son tan importantes como los cuadros políticos militantes. Estos últimos como agentes indispensables del mensaje de la idea política, la negociación y la gestión; los primeros formando equipos de analistas que entiendan sobre el impacto social de las medidas a llevar a cabo.
Es probable que hasta los mismos partidos, seducidos por los expertos en imagen, se hayan convencido que una dosis de falsa espontaneidad mediática purifica, los acerca al sentido común; concibiendo ese sentido común como un vaso comunicante hacia el éxito electoral. Estúpido es no admitir que al poder se llega con la masividad del sufragio y que el sentido inteligente, por complejo y alejado del pensamiento inicial, es ciertamente excluyente, en ocasiones contranatural para la obtención de mayorías adherentes. Pero no es menos cierto que devaluar la inteligencia del electorado configura un riesgo que las históricas agrupaciones políticas pagan onerosamente. La experiencia del Radicalismo dentro de la Alianza es un ejemplo del caso. La realidad marca que llevan años tratando de recuperarse de tamaña subestimación que le propuso al pueblo. “Sumar, no importa qué, en contra de...”. Las hélices del helicóptero todavía simbolizan el precario sustento y contenido político de aquella propuesta.
De todas formas debemos asumir que algunas fórmulas apolíticas, más cercanas a lo meramente intuitivo que a lo racional, tienen un importante apego popular, y esto se debe, en gran parte a lo mencionado, pero también existe una responsabilidad colectiva en no tratar de interesarse por conocer, descubrir y entender las dificultades que tiene el ejercicio de gobernar. Esa simplicidad hace que exista una consideración generalizada de que cualquiera puede representar a una sociedad, como si tal cosa tuviera el mismo tenor que presidir una entidad dedicada al noble deporte de las Bochas.
Sin la intención de presentarme como sectario, entiendo que la formación intelectual, la militancia política, el conocimiento real de todas las variables sociales, la comprensión de los cambios, el entendimiento sobre la complejidad humana, tanto individual como colectiva, son algunas asignaturas que no se pueden ni se deben soslayar.
Sabemos que existe una eficiente maquinaria para promocionar a un candidato, y que esa misma maquinaria guarda la misma eficiencia para ignorar otras propuestas. ¿Podemos nosotros vencer tan tremendo desafío? Nunca vamos a poder hacerlo a partir del sentido común. Nuestra sociedad tendrá la eficacia que marca nuestro interés para que lo sea. Si bien no es necesario ser Economista para entender sobre el tema, la única forma que tenemos para interpretar sus variables es leyendo, informándonos sobre el asunto. Resulta imposible, desde la más absoluta ignorancia, cotejar proyectos e interpretar hacia donde apunta cada propuesta. Lo mismo sucede con las políticas sociales, con la educación, la cultura, la salud, la producción, etcétera...
Con este conocimiento colectivo, con inquietudes y con curiosidad provocaremos, automáticamente, elevar el contenido de las propuestas de campaña atendiendo que los Candidatos verán en cada elector una suerte de auditor pensante, con visiones complejas, sin el determinismo coyuntural que marcan los tiempos del marketing.
Los resultados finales en Santa Fe avalan lo antedicho. El electorado local confió, por muy escaso margen, la continuidad del Ejecutivo Provincial al oficialismo Socialista, al mismo tiempo le otorgo un visaje aprobatorio a la novedad mediática que representó Miguel Del Sel y su impronta individual, arrastrando buena parte de las Intendencias y los Departamentos, ostentando como consecuencia ventajas notables en el Senado Local. Curiosamente y como dato que llama aún más la atención es la indiscutible victoria que logró el supuestamente minusválido Frente por la Victoria en la Cámara de Diputados Provincial a caballo de la excelente imagen que posee María Eugenia Bielsa.
Cuestiones que quedan entre renglones.
- ¿Puede afirmarse que el Socialismo tiene un 62 % de rechazo del electorado, tal cual razonara la misma oposición luego de los comicios 2009 respecto al Gobierno Nacional?
- ¿La supuesta honestidad y eficiencia ejecutiva de Binner ha sido ninguneada teniendo en cuenta su proyección nacional?
- ¿El Pro se instaló como propuesta local o como sufragio antipolítico correctivo?
- ¿Es cierto que el FPV ostenta un rechazo mayoritario en la región?
A la primera pregunta me surge un No rotundo. Vemos que ante la heterogeneidad existe una preferencia electoral hacia los oficialismos, acotando sus atribuciones, instalando un sistema en donde las primeras minorías han reemplazado las hegemonías representativas.
Con respecto al segundo supuesto debemos admitir que determinados valores no alcanzan para convencer al electorado. Utilizando el mismo razonamiento Hermes Binner deberá tomar nota que será necesario para su proyección nacional, incluir elementos todavía desconocidos para él: la discusión integral, el conflicto de intereses regionales, tomar posiciones taxativas con respecto a determinadas prioridades sociales son algunos ejemplos del caso.
El tercer punto guarda una mayor complejidad. El enorme caudal de votos obtenidos por De Sel sorprendió a propios y extraños. Cierto conformismo por una buena elección pareció determinar el objetivo de máxima sin mostrar el menor interés por la obtención de la victoria final, esto es, dejar de ser testimonial para intentar mostrase como fuerza que disputa el poder. Me dio la sensación que, en este sentido, el Pro no bancó la necesidad de disputar el 5% de votos anulados que marcaron los resultados finales. La pregunta que deberían hacerse sus electores es, si en definitiva los conforma haber votado a un proyecto que no aspiraba a luchar por el poder real.
Con respecto al último cuestionamiento cae de maduro que las ideas y las propuestas del FPV conservan sintonía con la población en la misma medida que sus representantes sean potables para la sociedad. La figura de María Eugenia Bielsa no sólo representó al 22% de núcleo duro del Kirchnerismo santafesino, además acercó a muchos electores del campo popular (socialistas y peronistas no-K) que ven todavía en el Gobierno Nacional una opción importante y relevante. Tal vez el FPV haya encontrado en Bielsa un nuevo lema para la construcción política vernácula y que será de enorme importancia para los comicios de octubre. Haberle otorgado la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados Provincial es un dato de enorme validez y proyección local y nacional.
La política estuvo al límite de la derrota a manos de una antipolítica que jamás pensó ser ejecutiva. Cosa que preocupa doblemente. La tarea, a partir de aquí, será reconstruir los lazos militantes político/partidarios con la sociedad, para que lo colectivo supere holgadamente cualquier intento individualista, más acorde con la publicidad mediática que con la enorme tarea que constituye Gobernar.


Gustavo Sala
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"No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes. No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos."

de

Pensamiento vivo

"La falsificación (de la historia) ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de experiencia que es la sabiduría madre."
(...) "Pero se sigue adoctrinando sistemáticamente en la enseñanza de la historia para lo cual los réprobos son los que defendían la soberanía y los próceres los que la traicionaban para fines institucionales."
(...) "Ese es el gran problema argentino: es el de la Inteligencia que no quiere entender que son las condiciones locales las que deben determinar el pensamiento político y económico."

“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”
"Todos los sectores sociales deben estar unidos verticalmente por el destino común de la Nación (...) Se hace imposible pensar la política social sin una política nacional."

Arturo Jauretche

13 de noviembre de 1901 / 25 de mayo de 1974

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